Obesidad y cáncer

Medicina Estética

Casi todas las pruebas que relacionan la obesidad con el riesgo de cáncer provienen de grandes estudios de cohortes, un tipo de estudio de observación. Sin embargo, los datos de estudios de observación son difíciles de interpretar y no pueden establecer definitivamente que la obesidad causa cáncer. Esto es porque las personas obesas o con sobrepeso pueden diferir de la gente delgada en formas que no se relacionen con su grasa corporal, y es posible que estas otras diferencias —más que su grasa corporal— sean las que explican el riesgo diferente que tienen de cáncer.

A pesar de las limitaciones del diseño del estudio, hay pruebas consistentes de que cantidades mayores de grasa corporal están asociadas con mayores riesgos de varios tipos de cáncer, incluyendo:

Cáncer de endometrio: Las mujeres con sobrepeso y obesas tienen de dos a cuatro veces más probabilidad que las mujeres de peso normal de presentar cáncer de endometrio (cáncer del revestimiento del útero), y mujeres extremadamente obesas tienen casi siete veces más probabilidad de presentar los más comunes de los dos tipos principales de este cáncer. El riesgo de cáncer de endometrio aumenta con el aumento de peso en la edad adulta, especialmente en mujeres que nunca han usado la terapia hormonal para la menopausia.

Adenocarcinoma de esófago: Las personas que tienen exceso de peso o que son obesas tienen la doble probabilidad que las personas de peso normal de presentar un tipo de cáncer de esófago llamado adenocarcinoma esofágico, y las personas que son obesas en extremo tienen esa probabilidad más de cuatro veces.

Cáncer gástrico del cardias: Las personas que son obesas tienen la doble probabilidad que las personas de peso normal de presentar cáncer en la parte superior del estómago, es decir, la parte que está más cerca del esófago.

Cáncer de hígado: Las personas que tienen sobrepeso o que son obesas tienen hasta una doble probabilidad que las personas de peso normal de presentar cáncer de hígado. La asociación entre el sobrepeso y la obesidad y el cáncer de hígado es mayor en los hombres que en las mujeres.

Cáncer de riñón: Las personas que tienen sobrepeso o que son obesas tienen casi el doble de probabilidad que las personas de peso normal de presentar cáncer de células renales, la forma más común de cáncer de riñón. La asociación del cáncer de células renales con la obesidad es independiente de su asociación con la presión arterial alta, un factor de riesgo conocido para el cáncer renal.

Mieloma múltiple: En comparación con los individuos de peso normal, quienes tienen sobrepeso o que son obesos tienen un ligero aumento (10 a 20%) del riesgo de presentar mieloma múltiple.

Meningioma: El riesgo de este tumor cerebral de crecimiento lento que se presenta en las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal aumenta en casi 50 % de las personas que son obesas y en casi 20 % de las personas que tienen sobrepeso.

Cáncer de páncreas: Las personas que tienen sobrepeso o que son obesas tienen una probabilidad cerca de 1,5 veces de presentar cáncer pancreático, como la gente de peso normal.

Cáncer colorrectal: Las personas que son obesas tienen ligeramente (aproximadamente 30%) más probabilidad de presentar cáncer colorrectal que las personas de peso normal. Un IMC mayor está asociado con mayores riesgos de cánceres de colon y de recto tanto en hombres como en mujeres, pero los aumentos son mayores en los hombres que en las mujeres.

Cáncer de vesícula biliar: En comparación con personas de peso normal, las personas con sobrepeso tienen un ligero aumento (casi 20%) de riesgo de cáncer de vesícula biliar, y las personas que son obesas tienen un aumento de 60% del riesgo de cáncer de vesícula biliar. El aumento del riesgo es mayor en las mujeres que en los hombres.

Cáncer de seno: Muchos estudios han indicado que, en mujeres posmenopáusicas, un IMC más elevado se asocia con un ligero aumento del riesgo de cáncer de seno (mama). Por ejemplo, un aumento de 5 unidades en el IMC está asociado con un aumento de 12% en el riesgo. En mujeres posmenopáusicas, quienes son obesas tienen de 20 a 40% de aumento en el riesgo de presentar cáncer de seno en comparación con mujeres de peso normal. Los riesgos mayores se observan principalmente en las mujeres que nunca han usado la terapia hormonal para la menopausia y para tumores que expresan receptores hormonales. La obesidad es también un factor de riesgo para cáncer de seno en los hombres. En mujeres premenopáusicas, por el contrario, se ha indicado que el sobrepeso y la obesidad están asociados con una disminución de 20% del riesgo de tumores de seno que expresan receptores hormonales.

Cáncer de ovario: Un IMC mayor está asociado con un ligero aumento del riesgo de cáncer de ovario, especialmente en mujeres que nunca han usado terapia hormonal para la menopausia. Por ejemplo, un aumento de 5 unidades en el IMC está asociado con un aumento de 10% del riesgo en mujeres que nunca han usado terapia hormonal para la menopausia.

Cáncer de tiroides: Un IMC mayor (específicamente, un aumento de 5 unidades en el IMC) se asocia con un ligero aumento (10%) del riesgo de cáncer de tiroides.

¿Cómo podría la obesidad aumentar el riesgo de cáncer?

Se han sugerido varios posibles mecanismos para explicar cómo la obesidad puede aumentar el riesgo de algunos cánceres.

Las personas obesas tienen con frecuencia una inflamación crónica de grado bajo, lo cual, con el tiempo, causa daño al ADN que puede conducir al cáncer.

Las personas con sobrepeso y las que tienen obesidad tienen más probabilidad que los individuos de peso normal de tener estados o trastornos relacionados con inflamación local crónica o que la pueden causar y que son factores de riesgo de algunos cánceres.

Por ejemplo, la inflamación local crónica inducida por la enfermedad de reflujo gastroesofágico o por el esófago de Barrett es una causa probable de adenocarcinoma de esófago. La obesidad es un factor de riesgo para cálculos en la vesícula, un padecimiento caracterizado por inflamación crónica de la vesícula biliar, y los antecedentes de cálculos en la vesícula son un firme factor de riesgo para cáncer de vesícula biliar. La colitis ulcerosa crónica (una afección inflamatoria crónica) y la hepatitis (una enfermedad del hígado que causa inflamación) son factores de riesgo para tipos diferentes de cáncer de hígado.

El tejido graso (llamado tejido adiposo) produce cantidades en exceso de estrógeno, y concentraciones altas de esta hormona se han asociado con riesgos mayores de cánceres de seno, de ovario, de endometrio y de algunos otros.

Las personas obesas suelen tener mayores concentraciones de insulina en la sangre y del factor-1 de crecimiento semejante a la insulina (IGF-1). (Esta afección, conocida como hiperinsulinemia o resistencia a la insulina, precede a la formación de la diabetes de tipo 2). Las altas concentraciones de insulina y de IGF-1 pueden promover la formación de cáncer de colon, de riñón, próstata y de endometrio.

Las células grasas producen hormonas, llamadas adipocinas, las cuales pueden estimular o inhibir el crecimiento celular. Por ejemplo, la concentración de una adipocina llamada leptina, que parece promover la proliferación celular, en la sangre aumenta con el aumento de la grasa corporal. Y otra adipocina, la adiponectina–que es menos abundante en las personas obesas que en las personas de peso normal–puede tener efectos antiproliferativos.

Las células adiposas pueden tener también efectos directos e indirectos en otros reguladores del crecimiento celular, incluso el blanco mamífero de la rapamicina (mTOR) y la proteína cinasa activada por AMP (monofosfato de adenosina).
Otros posibles mecanismos por los que la obesidad podría afectar el riesgo de cáncer son los cambios en las propiedades mecánicas del andamio que rodea las células de seno y respuestas inmunitarias alteradas, efectos sobre el sistema del factor nuclear kappa beta y el estrés oxidativo.

¿Disminuye el riesgo de cáncer si se adelgaza o se evita subir de peso?
 
La mayoría de los datos acerca de la reducción del riesgo si se evita el aumento de peso o si se adelgaza provienen de estudios de cohortes y de casos y controles. Como sucede con estudios de observación del riesgo de cáncer y la obesidad, estos estudios pueden ser difíciles de interpretar porque la gente que adelgaza o que evita subir de peso puede diferir en las formas como lo hacen otras personas.

Sin embargo, cuando la evidencia de varios estudios de observación es coherente, la asociación es más probable que sea real. Muchos estudios de observación han provisto pruebas consistentes de que las personas que suben menos de peso en la edad adulta tienen riesgos menores de cáncer de colon, de riñón, y –para mujeres posmenopáusicas– de cáncer de seno, de endometrio y de ovario.

Pocos estudios han examinado las posibles asociaciones entre el adelgazamiento y el riesgo de cáncer. Algunos de ellos han encontrado menos riesgos de cáncer de seno, de endometrio, de colon y de próstata entre las personas que han adelgazado. Sin embargo, la mayoría de estos estudios no pudieron evaluar si el adelgazamiento fue intencional o no (y posiblemente se relacionó con otros problemas subyacentes de salud).

Mayor evidencia de una relación entre el adelgazamiento y el riesgo de cáncer proviene de estudios de personas que se han sometido a cirugía bariátrica (cirugía que se efectúa en el estómago o en los intestinos para inducir el adelgazamiento). Parece que la gente obesa que se hace cirugía bariátrica tiene menos riesgos de cánceres relacionados con la obesidad que la gente obesa que no se hace la cirugía bariátrica.

No obstante, el estudio de seguimiento de peso y el cáncer de seno de la Women’s Health Initiative encontró que para las mujeres que ya tenían sobrepeso o que eran obesas a partir de una base, el cambio de peso (ya fuera adelgazar o subir de peso) no estaba asociado con riesgo de cáncer de seno durante el seguimiento. Sin embargo, para las mujeres que tenían un peso normal a partir de una base, al subir de peso más de 5% estaba asociado con un riesgo mayor de cáncer de seno.

¿Cómo afecta la obesidad la supervivencia al cáncer?

La mayoría de la evidencia sobre la obesidad en los supervivientes de cáncer proviene de personas que fueron diagnosticadas con cáncer de seno, de próstata o con cáncer colorrectal. La investigación indica que la obesidad puede empeorar varios aspectos de la supervivencia al cáncer, incluso la calidad de vida, la recurrencia del cáncer, la evolución del cáncer y el pronóstico (supervivencia).

Por ejemplo, la obesidad está asociada con un mayor riesgo de linfedema relacionado con el tratamiento de los supervivientes de cáncer de seno y la incontinencia en los supervivientes de cáncer de próstata tratados con prostatectomía radical. En un estudio clínico grande de pacientes con cáncer de recto en estadio II y III, quienes tenían un IMC más alto como base (especialmente los hombres) tuvieron un riesgo mayor de recurrencia local. La muerte por mieloma múltiple es 50% más probable en las personas con grados más altos de obesidad en comparación con personas de peso normal.

Varios estudios clínicos aleatorizados en supervivientes de cáncer de seno han informado de intervenciones de adelgazamiento que resultaron tanto en la pérdida de peso como en cambios beneficiosos en los biomarcadores que se han relacionado como asociados entre la obesidad y el pronóstico. Sin embargo, existe poca evidencia acerca de si el adelgazamiento mejora la recurrencia del cáncer o el pronóstico. Patrocinado por el NCI, el Estudio de Adelgazamiento para Cáncer de Seno (BWEL), un estudio aleatorizado en fase III que está inscribiendo actualmente a participantes, comparará el índice de recidiva en mujeres obesas y en mujeres con sobrepeso que participan en un programa de adelgazamiento después de un diagnóstico de cáncer de seno con el de mujeres que no participan en el programa de adelgazamiento.

¿Qué investigación se está realizando sobre la obesidad y el cáncer?

Varias áreas de investigación están explorando mecanismos que relacionan la obesidad y el cáncer. Un área de investigación implica comprender el papel de los microbios que viven en el sistema gastrointestinal humano (llamados colectivamente la microbiota intestinal, o el microbioma) tanto en la diabetes tipo 2 como en la obesidad. Ambos padecimientos se asocian con la disbiosis, un desequilibrio en la reunión de estos microbios. Por ejemplo, los microbiomas del intestino de las personas obesas son diferentes, y menos diversificados, de la gente no obesa. Los desequilibrios de la microbiota intestinal están asociados con inflamación, con alteraciones del metabolismo y genotoxicidad, que a su vez pueden estar relacionados con el cáncer. Experimentos en ratones muestran que el microbioma puede influir en la eficacia de algunos tipos de tratamiento de cáncer, en especial de la inmunoterapia. Los investigadores están empezando a pensar en formas de cambiar la microbiota de los pacientes con cáncer para mejorar sus resultados.

Otra área de investigación es la función de la señalización del receptor de insulina en el cáncer. Muchas células cancerosas expresan concentraciones elevadas de IR-A, una forma del receptor de insulina que tiene una alta afinidad por la insulina y factores relacionados de crecimiento. Los investigadores están estudiando cómo estos factores contribuyen a las enfermedades metabólicas y al cáncer, y cuáles pueden ser blancos útiles para que las intervenciones terapéuticas prevengan los cánceres relacionados con la obesidad.

Los investigadores están tratando también de entender por qué la asociación entre la obesidad y los riesgos de algunos cánceres varían entre los grupos raciales o étnicos. Por ejemplo, se ha indicado que la obesidad está más fuertemente asociada con un riesgo mayor de cáncer de próstata entre los hombres afroamericanos que entre los hombres blancos. Esta observación podría reflejar una diferencia en los efectos biológicos de la obesidad entre estos dos grupos, como una diferencia en los efectos de la obesidad en la inflamación o en la secreción de insulina.

Fuente: cancer.gov

Entrada anterior
Cómo cuidar el corazón y mantenerlo sano
Entrada siguiente
Vulvovaginitis: Síntomas, factores de riesgo, prevención
Menú