¿Hay relación entre el uso de redes sociales y tu autoestima?

Medicina Estética

Muchas autores hablan sobre ello, Bauman y Donskis (2015) recuerdan palabras de Malcolm Muggeridge y nombran “un cri du coeur”, diciendo que el corazón grita, reclama la búsqueda de la individualidad y significación. Con esta similitud  intentan definir al hombre, añadiéndole el apelativo de tecnológico, diciendo que sucumbe a la pelea incesante por encontrar y hacer consciente su esencia.

La vía más accesible y fácil para conseguirlo parece ser a través del mundo virtual, mediante el cual la persona intenta eliminar el estado de abulia que su contexto le suscita, así como ese vacío mental que sutilmente avanza por la vida del sujeto. Al mismo tiempo todo esto se ve propiciado por aquellos titulares llamativos, escuetos y alarmistas sobre lemas publicitarios los cuales inducen a la vacuidad moral. La persona necesita realizar declaraciones de la confabulación individual sobre la querencia de encontrar un espacio único y propio de la persona, donde está, se ve desprotegida físicamente, buscando esa protección virtualmente.

Las redes sociales, como instagram, twitter o facebook entre otras, simbolizan la lucha contra la inexistencia y la falta de presencia de cada cual en el mundo. El mundo virtual de forma ficticia reclama esa importancia y significación de la que se ven necesitadas aquellas personas reales que se esconden detrás del avatar que aparece en las redes sociales. A menudo, de manera inconsciente elaboran reproches por verse a sí mismas como personas carentes de existencia.

¿Qué podemos perder?

Lo que sucede en la actualidad con las redes sociales puede relacionarse con muchas novelas ya escritas. En “1984” de George Orwell se habla en su comienzo de “el gran hermano” como el ojo que todo lo ve, cuya visión limita las actividades interpersonales más humanas, así como cualquier actitud que caracterice y personalice a una persona, pudiéndola diferenciar del resto. El gran hermano controla y manipula todo, tanto vidas como realidades. De esta novela, podemos recoger algunas ideas extrapolables a la sociedad actual, donde toda acción será vista por el resto, debido al avance de las nuevas tecnologías y al apego que el ser humano desarrolla hacia ellas. Toda acción será juzgada, lo cual limitará la acción natural y personal.

Es difícil no permanecer al grupo de individuos tecnológicos, lo cual no es indiferente al estado de salud y bienestar. La hiper-conexión  no significa que se fomente la comunicación, ya que son relaciones principalmente superficiales. Estamos hiper-conectados pero infra-comunicados. La virtualidad ha sustituido a la realidad, hay una falta de contacto directo lo que propicia el surgimiento de patologías sociales como por ejemplo la fobia social.

Lipovetski habla de la “era del vacío, de la ligereza”. Se ha perdido la noción de estabilidad y valor interno de las relaciones. El yo nunca consigue interactuar, solo actúa el avatar, aquel que ha inventado la persona llegando a confundirse con su identidad. Somos nativos digitales, dominados por las redes, especialistas en crear multitud de identidades.

La consistencia del yo está diluida. En consulta terapéutica se aprecian visibles consecuencias vinculadas con la ansiedad por la falta de comunicación y una idea de imposibilidad de vivir sin la información. El modelo de información se asemeja a la bulimia. Nos atracamos de información, que entra, pero no perdura, produciéndose una indigestión, la cual procesa una mínima parte de lo que en realidad podríamos procesar.

Consecuencias de una sociedad tecnológica

Adicción

Aparecen síntomas de ansiedad produciendo una ilusión de hiper-respuesta, esto surge por el miedo a la desvinculación. El no estar ligado a la tecnología sucumbe al miedo por el rechazo social y aislamiento. Actualmente se comienza a hablar de nomomanía (dependencia al teléfono móvil) o el síndrome fomo, definido como la incapacidad de desconectarse por miedo a perderse algo.

Unido a esto han creado el término de tecno-estrés producido por una exposición excesiva, lo cual impide separarnos de la tecnología a la que nos exponemos. Surge una necesidad constante de estimulación que provoca adicción y estrés. Necesitamos permanecer continuamente disponibles y localizables.

Creación de relaciones superficiales

Se propician multitud de relaciones sociales, pero éstas no surgen mediante una vinculación emocional ni estrecha. Únicamente son relaciones tras la pantalla, unidas por “me gusta”, que alardean más de la cantidad de relaciones que de la calidad.

Distorsión de la imagen propia

La presencia constante de modelos, de personas idílicas a las que debemos ajustarnos hace que el auto-concepto sufra. Esto está ligado a la instauración de determinadas creencias las cuales nos dicen cómo tenemos que ser. El cerebro compara la imagen de sí mismo con la de las personas del exterior. Todo ello hace que el auto-concepto esté distorsionado y que por la misma disminuya nuestra autoestima.

Afecta el contacto social

Disminuye el contacto social pudiendo llegar a producirse un aislamiento por completo. Esto ahondaría en sentimientos de soledad y de privación de interacciones interpersonales reales. Incluso podría desembocar en una patología social, como la fobia social, surgida por esa falta de contacto directo.

Miedo a desaparecer

Surge el miedo a desaparecer, necesidad de estar conectado las 24 horas, sino se tiene la sensación de que se está solo, de que no existes.

Desprendimiento de obligaciones

Produce un alejamiento de los quehaceres diarios y fomentándose la distracción en el desempeño de tareas propias al área laboral, académico u otras.

Ciber-pensamiento

El mal uso de la tecnología propicia el ciber-pensamiento, el cual moldea la forma de pensar, dificultando el establecimiento de un correcto pensamiento cognitivo, donde se reduce la capacidad de comparación, de exploración, de abstracción, además del estancamiento en el nivel de asimilación de imágenes.

Patología del aburrimiento

La misma habituación a los estímulos que se producen motivados por las redes sociales provoca un aumento en la necesidad de cambiar de estimulo. Aquí entra en juego la “patología del aburrimiento” donde las personas se encuentran en una sociedad de entretenimiento, en la que lo primordial es lo emocional, intercalando el ocio en todo (monocultivo del ocio).

Trastornos de identidad

La consecuencia más grave y preocupante surgiría ante la aparición de un trastorno de identidad. Llegar a confundir al avatar que la persona crea en las redes con quien se es realmente. Llegar a vivir única y solamente para él, y hacia él.

No solo se aprecian consecuencias psicológicas, sino también físicas y orgánicas como:

– Reducción de la capacidad exploratoria
– Aumento  del sedentarismo, lo que predispone a hipertensión, obesidad, trastornos circulatorios, colesterol
– Aparición de crisis de epilepsia

Anticipa las señales

¿Cómo anticipar las señales que denotan que estas cerca de las consecuencias a las que estás expuesto por el mal uso a las redes? Contesta este pequeño test para conocer tu grado de relación con las redes sociales.

¿Te privas del sueño por permanecer conectado a la red? Además ¿aprecias que el tiempo de conexión es anormalmente alto?

¿Descuidas otras actividades importantes como el contacto familiar, relaciones sociales, estudio, cuidado de salud?

¿Recibes quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como padres o hermanos?

¿Piensas en la red constantemente, incluso cuando no se estás conectado a ella?

¿Te sientes irritado cuando la conexión falla o resulta muy lenta?

¿Pierdes la noción del tiempo cuando estás conectado?

¿Puedes llegar a mentir sobre el tiempo que estás conectado?

¿Te aíslas socialmente, mostrándote irritable?

¿El rendimiento en el trabajo o estudios ha disminuido?

¿Sientes euforia y activación anómala cuando estás delante de la pantalla que te facilita el acceso a redes sociales?

¿Sientes la imposibilidad de salir de casa sin el teléfono móvil en el bolsillo?

¿Te invade la tristeza, decepción o frustración cuando aquellas publicaciones no alcanzan un número de visitas o “me gusta” esperados?

¿Sientes tristeza cuando no estás “en línea” (conectado)?

¿Los sentimientos que proyectas en las redes sociales y aquellos que sientes cuando no estás conectado son contrarios o diferentes?

¿No te sientes identificado con lo que, de manera externa, se visualiza en tu perfil?

¿Cómo prevenir las consecuencias del mal uso de las redes sociales además de conseguir sacarle mayor provecho?

Como dice Campos (2013) para encaminar la conciencia del uso de las tecnologías que pueden ser absolutamente buenas, hace falta saber cómo usarlas.

– Limita el uso de aparatos y pacta las horas en las que usarás las redes sociales. Por ejemplo antes de comer, y después de cenar.
– Fomenta la relación con otras personas. Organiza quedadas con amigos, y reúnete más a menudo con tus familiares
– Potencia aficiones como la lectura, el cine, deporte, actividades en equipo u otras a las que puedas ser más afín. Apúntate a un equipo de volley, cocina.
– Estimula la comunicación y el diálogo en la propia familia. Elabora conversaciones menos superficiales, más intensas.
– La OMS habla de los beneficios de la siesta digital que trata de permanecer durante 3 horas diarias desvinculado de toda red social.
– Pacta con tus amigos o familiares dejar todos los móviles en la mesa durante vuestros encuentros
– Tener claro quiénes somos, objetividad en el auto-concepto.
– Mejora tus habilidades sociales

Des-esclavízate

Aceptar que nuestra sociedad tiende a la tecnificación e informalización, viéndose controlada por la tecnología, para la que, a su vez, nos hemos vuelto dependientes, será el primer paso que debamos tomar para mantener intacta nuestra identidad; para ser conscientes del lugar real que nos corresponde en el mundo; para que al apagar las pantallas no nos inunda la soledad, como tampoco la incoherencia entre lo que muestro y lo que siento realmente; para lograr conocernos a nosotros mismos, valorándonos más allá del vinculo que establezcamos con las redes sociales; para que se propicie el contacto social más real, directo, logrando vincularnos más estrecha y emocionalmente con las personas de nuestro entorno. Para conseguir todo ello es necesario conocer las consecuencias, pudiendo anticipar aquellos efectos de los poco a poco, sin darnos cuenta, podemos ser esclavos, y con ello, buscar un cambio en el uso que hacemos de las redes sociales, desempeñando acciones para prevenir dichas consecuencias o para potenciar la parte positiva de las tecnologías.  Ante todo, fortalecer nuestros rasgos intrínsecamente humanos, ser responsables y mantener el control sobre nuestras vidas.

Fuente: psicologiaycomunicacion.com

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