Dulce contra la depresión

Confirmado: Dulce contra la depresión = mala elección

Bienestar Integral

Si bien es cierto que en un momento inicial la ingestión de azúcar estimula la producción de dopamina y otros neurotransmisores que nos hacen sentir bien (no en vano actúa como una droga más que activa el sistema de recompensa de nuestro cerebro), a medio plazo el efecto producido es justo el opuesto. Según una revisión científica publicada en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews, el azúcar no nos pone de buen humor y, además, nuestros niveles de alerta disminuyen considerablemente una hora después de haberlo consumido. Por si fuera poco, media hora después de la ingesta nos sentimos más fatigados que antes.

Los autores del trabajo son investigadores de distintas universidades de Alemania y del reino Unido, y han llevado a cabo un meta-análisis con datos de 31 estudios independientes de los que, en conjunto, se obtuvieron resultados de 1259 participantes.

“La idea de que el azúcar nos pone de buen humor está muy extendida en la cultura popular, y además miles de personas de todo el mundo consumen bebidas azucaradas para mantenerse alerta o combatir la fatiga”, ha explicado Konstantinos Mantantzis, de la Universidad Humboldt de Berlín y líder de la investigación. Sin embargo, los resultados fueron tajantes: el consumo de carbohidratos no mejora el estado de ánimo, y este efecto es independiente de la cantidad consumida y del tipo de actividades que realizaban los voluntarios después de su ingesta. “Nuestros hallazgos ponen de manifiesto que esas leyendas urbanas no tienen fundamento. En todo caso, el consumo de azúcar, a la larga, probablemente te hará sentir peor”, concluye el investigador.

El azúcar, epidemia global

Los efectos negativos del exceso de azúcar en nuestra dieta son de sobra conocidos. Caries dental, incremento del riesgo de diabetes, obesidad, hipertensión arterial… las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud indican que, en la población adulta, el consumo de azúcares libres no debe sobrepasar el 10% de las calorías diarias. Y si no superamos el 5%, mejor. Esto, en una dieta normal de unas 2.000 calorías, equivale a unas seis cucharillas de postre. Una cantidad que, de media, es ampliamente sobrepasada por los ciudadanos de los países desarrollados (no olvidemos que el que añadimos al café no es el único azúcar libre que consumimos, y que este se encuentra, por ejemplo, en muchas comidas procesadas, en la miel y en los zumos de fruta).

“En los últimos años han aumentado de forma alarmante las tasas de obesidad, diabetes y síndrome metabólico, lo que pone de relieve la necesidad de elaborar estrategias dietéticas basadas en la evidencia para promover un estilo de vida saludable durante toda la vida”, ha explicado Sandra Sünram-Lea, investigadora de la Universidad de Lancaster (Reino Unido). “Nuestros hallazgos indican que las bebidas azucaradas o los bocadillos no proporcionan una recarga rápida de combustible que nos haga estar más alerta y con mejor concentración”.

Fuente: muyinteresante.es

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