Instagram vs. realidad: la dictadura de la perfección

Instagram vs. realidad: la dictadura de la perfección

Actualidad Médica

Cada vez son más los perfiles que suben publicaciones relacionadas con “Instagram vs Realidad” y es posible que cada vez haya más personas que sean conscientes de que las redes sociales ofrecen una imagen limitada de nuestra vida diaria. Muchas personas se han convertido en influencers gracias a este tipo de contenido, como Rianne Meijer, Sara Puhto o Victoria Spence. Estas mujeres han conseguido hacerse un hueco en el mundo influencer a pesar de que, en la mayoría de los casos, el fenómeno vive de lo que ellas critican: el “postureo”.

Sabemos que el contenido en el que aparecen mujeres perfectas en bikini tiene consecuencias, sobre todo para las niñas y adolescentes que entienden que buscan luego esa perfección en sus vidas. El problema es que esa perfección está construida con filtros de Instagram y con poses estratégicas para salir mejor en las fotos. Desde que Kim empezó su cuenta en 2018, ha recibido mensajes de seguidores que le han dicho que su contenido les ha ayudado mucho. “Algunos de ellos incluso me escribieron que les ayudó a combatir sus trastornos alimentarios, que es la respuesta más hermosa que podría haber imaginado”, indicó.

Los filtros, un peligro en potencia

El postureo en redes sociales enseña lo mejor de cada persona, un cuerpo perfecto, unas facciones equilibradas y una forma de vida envidiable. Y creerse que todo esto es verdad tiene consecuencias más graves de lo que pensamos. Un estudio de la Universidad de Columbia y la de Northwestern arrojó que los usuarios que publican contenido real en sus redes y se muestran tal y como son tienen una mayor autoestima y gestionan mejor el estrés o episodios de ansiedad.

Los problemas crecen si hablamos de los adolescentes. Eli Soler, psicóloga especializada en adolescencia, explicó a Hipertextual en una entrevista anterior que las personas adultas sabemos diferenciar entre lo que es la realidad y lo que no. “Sin embargo, las adolescentes no llegan a diferenciar, e idealizan ciertas conductas o cánones de belleza mostradas en las redes sociales”.

Esta idealización tiene hasta nombre y apellido. La “dismorfia de Snapchat” es el término para englobar a aquellas personas que quieren operarse para parecerse a su propia imagen con los filtros de Snapchat e Instagram. A pesar de que no aparece en manuales de medicina, se ha caracterizado como parte del trastorno dismórfico corporal (TDC), clasificado concretamente en el espectro del trastorno obsesivo compulsivo.

Los filtros se usan todos los días en Instagram pero, mientras que unos lo utilizan como un juego, para otros se convierte en una obsesión. Las orejas de conejito han quedado relegadas a los filtros que alteran el tamaño de los ojos, los labios, esterilizan la cara o modifican el color de la piel, que son las imágenes que posteriormente utilizan algunas influencers para sus publicaciones de “Instagram vs Realidad” y mostrar las diferencias.

Más Instagram que realidad

A pesar de que cualquier persona puede sufrir “dismorfia de Snapchat”, los jóvenes y adolescentes son más propensos a acudir a clínicas estéticas con las fotografías de ellos con un filtro como referencia. “Cada vez son más los jóvenes que acuden a la consulta para realizar procedimientos sobre todo relacionados con la mejora de la calidad de la piel y la prevención del envejecimiento. Sin duda el tipo de tratamientos que requieren nada tiene que ver con los que realizamos a pacientes con edad más avanzada, por eso también nos hemos tenido que ir formando y adaptando a las nuevas necesidades de los pacientes jóvenes”, indicó a Hipertextual Sergio Fernández, vocal de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME).

Fernández confirmó que muchos pacientes acuden a su consulta con un selfie para enseñar la operación a la que quieren someterse. Sin embargo, el doctor destacó que la laboral de los médicos en estos casos es muy importante.

Por eso, cuando se detectan unas expectativas irreales de un paciente, es importante saber decir no y rechazar el procedimiento. Fernández continuó que las redes sociales son un escaparate para muchas personas y que puede generar frustración en personas que se sienten acomplejadas. No obstante, enfatizó que estos procedimientos médicos deben pasar por un diagnóstico para saber las expectativas del pacientes y en el que se expliquen los posibles efectos secundarios. “No podemos banalizar con este tipo de procedimientos”, alertó.

Una doble vida

Además de la “dismorfia de Snapchat”, las mujeres, sobre todo las más jóvenes, pueden desarrollar otros trastornos como la anorexia o la bulimia por no parecerse a los cuerpos supuestamente perfectos que ven en Instagram. Lo mismo sucede con los hombres. Una investigación arrojó que las redes sociales son una de las causas probables en el diagnóstico de vigorexia, un trastorno que se da sobre todo en hombres por querer ser más musculosos. La visión distorsionada de su cuerpo, que ven como pequeño y delgado, tiene consecuencias como los entrenamientos excesivos, el consumo de sustancias como esteroides anabólicos y episodios de depresión. En las publicaciones de “Instagram vs Realidad” se ha enseñado cómo en la mayoría de los casos la postura en la que se realiza la fotografía es clave para que su cuerpo parezca más delgado, estilizado o musculoso.

Por otro lado, publicar fotografías con filtro puede tener consecuencias, como que su autoestima sea cada vez menos real y más virtual, “hasta el punto de evitar conocer personalmente a personas a las que han conocido a través de redes por miedo al rechazo cuando vean la realidad”, aclaró a Hipertextual Nieves Álvarez, psicóloga y directora del centro Tratamiento TOC. Como consecuencia, esa persona podría crearse dos vidas, la virtual estupenda y maravillosa y la real en la que se siente solo y desgraciado.

La psicóloga apuntó que es necesario crear campañas a nivel nacional para que la gente sea consciente de la diferencia entre lo que enseña en Instagram y la realidad. Sin embargo, subrayó que el de todas formas es algo que no solo afecta a redes sociales y que también sucede en revistas. “Las famosas salen perfectas sin una gota de celulitis ni arrugas. Eso no es real. Yo personalmente no conozco a una sola mujer sin algo de celulitis y sin arrugas por mucho que se hayan estirado la piel”, concluyó.

Las imágenes de las mujeres y hombres perfecto no es en realidad nada nuevo y es una herencia de las revistas de moda y las campañas publicitarias con modelos. En algunas revistas se ha explotado siempre un canon de belleza específico, basado sobre todo en la delgadez, pero también un uso del Photoshop que muestra una imagen alejada de la realidad. Esto no ha dejado de ocurrir y ahora lo estamos viviendo también a través de Instagram a pesar de que detrás de las fotografías no haya un equipo de producción.

¿Qué podemos hacer más allá del “Instagram vs. Realidad”?

El primer paso para intentar arreglar un problema es reconocer que existe, pero más importante es entenderlo para poder definir una estrategia que funcione. Entender cómo las redes sociales se han convertido en una herramienta indispensable de nuestra vida diaria, tanto en lo profesional como en lo personal, es una manera de empezar. El documental El dilema de las redes sociales expuso cómo las empresas tecnológicas alimentan los intereses de sus usuarios gracias a los algoritmos que utilizan. Pueden llegar a controlar hasta cómo un adolescente piensa.

Shoshana Zuboff fue una de las entrevistadas para el documental de Netflix y recientemente ha publicado el libro La era del capitalismo de vigilancia: la lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder. Para Zuboff, la influencia de las plataformas tecnológicas es la evolución del capitalismo tal y como lo conocemos; al fin y al cabo, otra forma de controlarnos.

En primer lugar, Zuboff destacó que las redes sociales buscan que los usuarios se impliquen, que hayan cada vez más interacciones hasta el punto de que en algunos casos puede llegar a una adicción. Los algoritmos nos mantienen aferrados a la interfaz el mayor tiempo posible, indicó la autora, y el único objetivo es extraer datos que se utilizan para alimentar el llamado capitalismo de la vigilancia que hace que las empresas tecnológicas se enriquezcan todavía más. “Debemos intervenir. Tenemos que hacer muchas cosas desde la legislación para que estos niños tengan una oportunidad de poder desengancharse de estas plataformas”, alertó Zuboff a Hipertextual en una rueda de prensa.

La ley que debería aprobarse debería prohibir los algoritmos actuales para intentar frenar la adicción que provocan. El documental El dilema de las redes sociales mostró cómo puede afectar este fenómeno cuando un chico adolescente consume todas noticias, vídeos y todo tipo de contenido que le recomienda el algoritmo. Ni siquiera es consciente de que está siendo controlado. En este caso específico, el joven se convierte en un potencial consumidor de noticias falsas pero esta influencia puede alimentar bien un trastorno de una persona.

Si una chica sigue a perfiles de Instagram donde se muestra una imagen perfecta, la red social solamente le recomendará otras cuentas del mismo estilo. También en otras redes sociales. Sin darse cuenta, esta chica puede consumir contenido que priva el postureo, la belleza y el culto al cuerpo. En ciertos casos, tal y como comentábamos anteriormente, este tipo de contenido puede aumentar sus inseguridades.

Una de las estrategias más utilizadas en redes, continuó Soshana Zuboff, se basa en los mecanismos de compensación, a lo que los jóvenes y adolescentes son muy susceptibles. En un punto de la vida en el que todavía nos estamos formando como personas, la también socióloga y profesora emérita en la Harvard Business School advirtió que la única razón forma de vernos es en un espejo que nos proporcionan los otros. “Hay una razón por la cual Facebook es como es, porque Mark Zuckerberg lo inventó cuando era un adolescente. Y lo hizo para otros adolescentes”. Bajo esta lógica se creó el botón “me gusta”, aunque en ese momento sus creadores no serían conscientes de todo lo que implicaría.

Fuente: seme.org.

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